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Fiesta en Jijona: mujeres al poder, un amor imposible y desfile bajo lluvia artificial

El pueblo del turrón y el helado con monumentales vistas al Mediterrráneo celebra del 18 al 20 la trilogía de Moros y Cristianos en la que participan unas 1.000 personas entre actos singulares, solemnes y de enorme plasticidad

María José y Leticia, de la filà cristiana La Canyeta; y Rocío y Merce, de la filà mora Grocs, capitanas de fiestas 2018./FOTO FSBSS
María José y Leticia, de la filà cristiana La Canyeta; y Rocío y Merce, de la filà mora Grocs, capitanas de fiestas 2018./FOTO FSBSS

Jijona, el pueblo del turrón y el helado, con un vastísimo término municipal desde el que se obtienen privilegiadas vistas al mar Mediterráneo, llega a su epicentro festero este fin de semana y lo hace con mujeres al poder, con un amor imposible y con un desfile pasado por lluvia artificial. Del 18 al 20 de agosto, se puede comprar y degustar turrón y helado artesanos y se puede tapear hasta la saciedad, incluidas las célebres ‘estudevaques’, que en román paladín jijonenco significa calamar a la romana, magníficamente cocinado en la mayoría de bares y restaurantes con una base de harina (sin huevo batido) y un toque culinario muy especial de varias generaciones de baristas jijonencos.

Aunque no es la primera vez en la dilatada historia de estas fiestas (los estudiosos locales hablan de 1791, es decir, algo más de dos siglos, con documentación fidedigna) que cuatro mujeres ostentan los cargos más representativos de los Moros y Cristianos jijonencos, la coincidencia no es tan numerosa.

María José y Leticia, por La Canyeta; y Rocío y Merce, por Grocs, capitanas 2018

Las hermanas María José y Leticia, por parte del bando cristiano y  bajo el estandarte de La Canyeta; y Rocío y Merce por el bando moro bajo la  bandera de Moros Grocs, tienen este año la más elevada categoría festera. Las cuatro ya han demostrado desde que fueron nombradas hace justo un año, en los actos del Mig Any y en los celebrados hasta ahora, que dejarán el pabellón de la fiesta de Jijona en general y del de la mujer festera en particular muy alto.

Espectacular imagen del famoso cañón de la filà Moros Vermells, en plena deflagración durante el acto del alardo./FOTO FSBSS

Las entradas son, el sábado por la tarde, quizás el mayor atractivo o excusa para visitar Jijona, a apenas media hora en coche desde Alicante capital. La imaginación, el ben gusto festero jijonenco y también el esfuerzo económico de las mujeres que ostentan el cargo y sus familias se enseñorea más que nunca durante la trilogía anual.

Pero antes de esa entrada magnífica, hay otro desfile que puede elevarse a la categoría de singular. Se trata de la banyà, un desfile por el casco antiguo del pueblo del turrón pasado por agua y no precisamente de la lluvia. Es singular, sin duda, como destaca el presidente de la Federació Sant Bartomeu i Sant Sebastià, Jonathan Gras Murillo, porque el vecinadario también lo da todo para que ni un solo festero, grande o pequeño, quede indemne al cubazo o manguerazo, siempre bienvenido en plena canícula.

La fiesta se celebraba desde finales del siglo XVIII en los meses invernales de enero y febrero, lo que obligó, dado el rigor climatológico de un viento gélido procedente de la blanca Carrasqueta, a trasladar los festejos al verano. Ahora el galopante cambio climático pone el resto y no son pocos los festeros jijonencos que vuelven a fijarse en meses con menos bochorno, si bien el calendario festero jijonenco está estrechamente vinculado, de antiguo, con la campaña de producción del turrón, principal sustento económico de una mayoría de familias. Se antoja, por ello, un imposible un eventual cambio de fechas.

Unos sesenta tiradores participarán en la toma de la plaza por las huestes moriscas y en la recuperación del poder un día después. Pese al mayor rigor y control en el uso de la pólvora, el ruido sigue muy presente en el festejo turronero y detonarán unos cien kilos.

Desfile funeral del moro traidor de Jijona, bajo un ejercicio excelso de solemnidad hy plasticidad./FOTO ÁLEX DOMÍNGUEZ
Desfile funeral del moro traidor de Jijona, bajo un ejercicio excelso de solemnidad hy plasticidad./FOTO ÁLEX DOMÍNGUEZ

Tras la diana del último día, acto con la menor participación popular por la acumulación de excesos etílicos o sencillamente por el cansancio, se celebra tal vez el más icónico acto festero de Jijona. Por su singularidad, por su puesta en escena y por la belleza dulce y plasticidad extrema que envuelve todo el ambiente. Se trata del Juicio Sumarísimo al Moro Traidor, que acaba de cumplir un siglo de existencia.

El moro traidor es ajusticiado por su declaración de amor a una lugareña cristiana y por su conversión

A las nueve de la mañana del lunes día 20, el moro traidor es sacado de la prisión por las huestes sarracenas con el fin de someterlo a un juicio sumarísimo ante la población. Se representa en esencia que, por su declaración de amor a una lugareña cristiana, se convirtió a su fe y, como consecuencia, facilitó la entrada de las tropas de la Cruz en la fortificación jijonenca. El moro traídor es ajusticiado en una especie de instrucción sumarial con alusiones múltiples con contenido satírico y crítico hacia la política y actualidad local.

Su funeral es una prueba del saber hacer de los festeros jijonencos. El desfile es más solemne que el de la entrada y es un colofón de oro, color y lágrimas bajo una luz que irradia desde la Torre Grosa y una brisa tenue que, llegada ‘ex profeso’ desde la Carrasqueta, lame los obligados velos de las bellísimas mujeres del bando moro jijonenco. Un regalazo para los sentidos con música de timbal y marcha mora de fondo que pone la piel de gallina hasta al forastero. Ya saben, esto ya no hay quien lo pare y lo pueden disfrutar.

“Por San Bartolomé y San Sebastián, que arranque la Entrada”.

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