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Perros potencialmente peligrosos y perros mendigos: discriminación canina

No soportamos que todo el que se hace responsable de un PPP sea considerado un descerebrado que le gusta aparentar y que se asuma que al final de la correa lleva un arma y no una vida, pero sí aceptamos que todas las personas que mendigan en la calle se sirven del perro para sacar “unos euros más” en su propio beneficio

MAR PUIG (CINCO HOCICOS) | OPINIÓN- Somos muchas las que tenemos claro que la legislación actual con respecto a los mal llamados PPP (Perros potencialmente peligrosos) no es una solución para conseguir una convivencia sana en sociedad. Es más bien un parche para disminuir el pánico colectivo que se generó hace unos años con el boom de noticias en las que este tipo de animales comían personas. Como si nunca a lo largo de la historia hubiera habido ataques de perros, de otro tipo de perros, a personas. 
Indudablemente estos ataques existieron, pero es curioso que en ninguna de las noticias se analizaba detenidamente la situación exacta en la que se dio el ataque. Al parecer y según la gran mayoría de los medios, simplemente un día se despertaban y tenían ganas de comer personas.
El usar la coletilla “mal llamados” no se debe a que considere que no sean potencialmente peligrosos, que lo son. Pero no por ser de una raza determinada, si no por su corpulencia y porque si estuvieran predispuestos a hacer daño pueden hacerlo. De la misma manera que ocurre con otros tantos animales incluso de mayor envergadura pero que curiosamente no viven marcados con semejante estigma.
Estigma convertido en ley. Estigma que se hace visible en forma de bozal y de correa bien corta. Estigma que prohíbe terminantemente dejar al perro ser perro. Prohibido soltarlos hasta en espacios destinados exclusivamente para el esparcimiento canino. Seguro de responsabilidad civil y licencia para su tenencia, nadie más que el titular de la licencia puede pasearlo por el barrio. Parches, parches, parches…
Quien se preocupa un mínimo por conocer el comportamiento de los perros entiende que esta represión hacia la libertad de movimientos del animal es contraproducente. Que lo que más necesita un animal para una optima convivencia en sociedad es poder convivir en sociedad. Relacionarse, ser expuesto a cuantos más estímulos mejor, correr, seguir rastros, ver personas en bici, aturdirse con los griteríos de las niñas en los parques…. Que un aislamiento social solo genera problemas y conductas no apropiadas.
Quien cada día aporta algo a la defensa de los derechos de los animales alza la voz ante estas medidas represivas que no aportan más que una falsa seguridad a una falsa situación de peligro. Los defensores de los animales no sólo no apoyan estas medidas, si no que las critican y luchan con ansia de que no se estigmatice a los perros única y exclusivamente por haber nacido de una determinada raza.

Y a mí esto me resulta muy curioso, contradictorio.

Cuando recientemente leo en el borrador de las nuevas ordenanzas que se pretende la retirada y prohibición de tenencia de animales a las personas que no disponen de un techo bajo el que cobijarse. Es curioso, alzamos la voz por que se castigue a un perro por el mero hecho de ser un (mal considerado) PPP, pero pretendemos castigar a las personas y los perros que no tienen techo. No vemos justo y nos indigna que se castigue a todos los PPP porque algunos los adiestran para ataque y peleas pero alegamos que existen algunas “mafias” que usan a los perros para sacar más partido a la mendicidad, ofreciéndole una precaria vida al animal. Y como solución se prohíbe a todas las personas que viven en la calle hacerse responsables de un animal. ¿No pagan en los dos casos justos por delincuentes?
No soportamos que todo el que se hace responsable de un PPP sea considerado un descerebrado que le gusta aparentar y que se asuma que al final de la correa lleva un arma y no una vida, pero sí aceptamos que todas las personas que mendigan en la calle se sirven del perro para sacar “unos euros más” en su propio beneficio.

Y mil odiosas comparaciones más.

Lo siento pero si reprimir a los ppp por el simple hecho de pertenecer a una raza, es un parche legal, retirar la custodia de un animal a una persona por el mero hecho de no tener casa, también lo es. ¿Existen mafias? Persigámoslas. ¿Se somete al animal para sacarle partido? Castígalo. ¿Su estilo de vida no cumple con las necesidades del animal? Retira la custodia. Pero no a personas que no tienen hogar, A TODAS LAS PERSONAS, sea cual sea su condición económica.
Particulares haciendo negocio con los perros sin control alguno, palacios con habitantes caninos en completo estado de abandono, animales amarrados de por vida en fincas de miles de metros cuadrados… Perros que duermen en la calle arropados por su compañero en condiciones óptimas de higiene y de salud física y etológica.
Durante el debate de esta iniciativa, debate amistoso todo sea dicho, yo sólo lanzaba una pregunta: Por favor decidme ¿Qué repercusión negativa a nivel físico o etológico tiene en un perro por el mero hecho de vivir en la calle? Todavía estoy esperando la respuesta, se hacía el silencio. Un perro que cumple las condiciones legales a nivel sanitario y que muestra una conducta tranquila y relajada es un perro querido y respetado, independientemente del color de las paredes de su casa o de su calle.
Nuestras reivindicaciones deben ser coherentes, no debería valernos rebajarnos a la altura de quien parchea en lugar de solucionar. Erradicar la mendicidad y permitir la entrada de canes en los centros sociales sería una solución. Hacer pagar a justos por pecadores, no.

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