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“El cortometraje tiene un futuro espléndido”

El año pasado, Álvaro González (Madrid, 1972) ganó el Festival de Cine de Sant Joan con su corto Titán. Gran defensor de las escuelas audiovisuales, asegura que el cortometraje tiene un gran futuro si busca nuevos canales de difusión lejos de la industria del cine. También pide más ayudas, públicas o de mecenazgo privado, para que España siga siendo un país puntero del sector

ENTREVISTA DE RAFA BURGOS

Álvaro González y Uxue Peña, director y productora de Titan.

P: Su filmografía está muy relacionada, de principio a fin, con el FCSJ.

R: Sí, así es. Gané el año pasado con Titán y el primer premio que gané en mi vida, cuando aún era estudiante de la ECAM [Escuela de Cinematografía y el Audiovisual de Madrid], fue en Sant Joan, con mi primer corto, en la primera edición del FCSJ. Le tengo mucho aprecio al festival, porque además realizan un trabajo muy profesional y por eso se han convertido en uno de los certámenes más importantes en España. Han conseguido varios certificados de calidad y dan acceso a la preselección de los Goya, algo muy interesante a la hora de elegir dónde presentas tu trabajo. Además, dan un trato muy cercano a los participantes, cuidan mucho los detalles y demuestran que la calidad no es siempre una cuestión de dinero.
P: Rueda dos cortos como estudiante y después, pasan más de diez años hasta Titán. ¿Qué pasó entre tanto?
R: Los dos primeros cortos los realicé mientras estaba en la ECAM. Luego me quise dedicar profesionalmente al mundo del audiovisual y he trabajado en televisión y en publicidad. No tenía tiempo para rodar cortos. Pero después me vine a Pamplona, a dar clases en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Y antes de empezar, tuve un año de espera que dediqué a Titán. Había una ayuda del Gobierno navarro para rodar en ciertas localizaciones y elegí el desierto de las Bardenas Reales. Surgió la oportunidad de rodarlo y pensé que en ese desierto solo cabían un western o una película de ciencia ficción.
P: Más allá de la sinopsis, ¿cómo definiría Titán?
R: Me gustan películas como 2001 o Interstellar, historias íntimas desarrolladas dentro de algo que nos supera. Y así nació este guion, que escribí junto a David Tejedor, en el que también tiré de clásicos de la mitología. Podríamos decir que es una puesta al día del mito de Orfeo y Eurídice, en la que un tipo viaja al infierno a buscar a su amada.
P: El FCSJ nació de un instituto audiovisual y usted estudió en una escuela de cine y ahora es profesor. ¿Qué aportan estos estudios?
R: Las escuelas de cine son fundamentales, porque en las universidades impartimos mucha teórica, pero falta la parte técnica del audiovisual. Además, en las universidades, cada alumno tiene intereses diferentes, mientras que en las escuelas hay un impulso más vocacional en el que todos quieren hacer cine, todos son de tu misma cuerda. De esta forma, se crea un círculo profesional que te acompaña en tu futuro, siempre trabajas con tu gente.
P: ¿Incluso ahora, con todo un universo audiovisual en internet?
R: Estamos en un momento glorioso en el campo del audiovisual. Antes tardabas años en poder ver una película concreta. Ahora, cualquiera puede acceder a cualquier película. Sin embargo, en las escuelas te encuentras con que los alumnos no han visto todo el cine que deberían. Son muy de YouTube, de pildorillas. Para ellos, un clásico es [Quentin] Tarantino. Por eso yo trato de animarlos a ir más allá, a que vean más cine, que es como aprenderán lo que necesitan, porque andan muy cortos, están demasiado acostumbrados a la comida rápida.
P: De empezar con el cine mudo, ni hablamos.
R: Al público medio, ni siquiera le interesa el blanco y negro. Pero los que quieren ser profesionales deberían repasar toda la historia del cine. En mis clases de Lenguaje Audiovisual cojo a [David W.] Griffith y solo con El nacimiento de la nación ya puedo explicar casi todo. Aunque el cine tiene poco más de cien años, el desarrollo de su gramática fue vertiginoso, enseguida se definieron las reglas que han llegado hasta ahora.
P: Sin embargo, los estudiantes de ahora sí que dominan mejor la tecnología y saben aplicarla.
R: Sí, tienen un sencillo acceso a todo tipo de tecnología. El que tiene interés, puede conocer software útil, programas, tutoriales… Esto también ha permitido que el cine sea mucho más barato ahora que antes. Nos hemos quitado de encima el laboratorio y el celuloide, que se ve con mucha nostalgia, pero encarecía y complicaba todo el proceso. No hay más que ver la cantidad de cortos que se realizan al año en todo el mundo. A finales de los 90, los festivales podían recibir unos cien cortos cada año, y en esta edición, Sant Joan tiene más de 800. Estuve en la final de un certamen en Suecia en el que se presentaron casi 3.000 trabajos.
P: Y este panorama, ¿dónde deja al cortometraje?
R: El cortometraje tiene un futuro espléndido. Es un gran banco de pruebas donde puedes arriesgar y ensayar cosas. Ha crecido y ha mejorado mucho su nivel. La capacidad para mover tus trabajos es increíble, hay plataformas en internet que te dan acceso a 200 o 300 festivales en todo el mundo para poder distribuirlo, y tan solo debes pagar un abono. En general, si el trabajo es bueno, puedes recuperar tu inversión. Y luego puedes vender derechos a televisiones de todo el mundo, porque hay interés en programarlos. Yo creo que el corto goza de muy buena salud y España es un país puntero en este campo.
P: Pero sigue sin aparecer en las salas de cine.
R: Sería ideal completar los pases de cine con cortometrajes, pero se han sustituido por la publicidad. Es horrible asistir a 20 minutos de anuncios antes de cada película, pero, por otra parte, si no tuvieran esa fuente de ingresos, las salas cerrarían. Debemos hacernos a la idea de que los cortos no interesan al espectador medio ni a la industria. Pero podemos adaptarnos a los nuevos tiempos y encontrar otras salidas.
P: Titán se rodó con ayudas públicas. El FCSJ cuenta con apoyo del Ayuntamiento de Sant Joan. ¿Deben implicarse aún más las administraciones?
R: Estaría bien que existieran más ayudas públicas. El valor de un país es su cultura y no se debe descuidar. Francia es el mejor ejemplo. Aunque en el mundo anglosajón, todo es distinto. Se ve desde una óptica más comercial y no reciben dinero público, pero sí que se les permite a las empresas privadas conseguir beneficios y rebajas fiscales mediante sus patrocinios culturales.
P: La famosa Ley de Mecenazgo que nunca llega.
R: Eso es. Que cualquier empresa invierta en cultura es una retroalimentación perfecta.

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