pregoner.es - Diario online de la comarca de l'Alacantí

El año en que explotó Hollywood

RAFA BURGOS (@Faroimpostor) | CULTURA – Hasta los sueños acaban por cansar. A finales de los años 60, la vida iba por un lado y Hollywood por otro. Los grandes estudios estaban dirigidos por los veteranos del oficio, más preocupados en mejorar su hándicap de golf que en leer los periódicos para asistir al cambio de una sociedad que empezaba a cuestionarse todo lo establecido, incluida la guerra del momento, en el lejano Vietnam. Mientras Hollywood se empeñaba en fabricar paraísos para toda la familia, la juventud de medio mundo, incluida la norteamericana, luchaba por trastocar los valores heredados, por ampliar el abanico de derechos humanos, por expandir su mente con nuevas drogas de origen químico. Tenía que llegar el momento en que todo explotara. Y explotó. En 1967, una película pone patas arriba el sistema de estudios de la Meca del Cine. Dos protagonistas guapos y jóvenes, dos personajes atractivos pero fuera de la Ley, un furor sexual sin precedentes para combatir un ambiente opresivo en el que los villanos son los padres, los policías y la moral imperante. Hace 50 años, Bonnie & Clyde irrumpieron en la cartelera con su glamour de atracos, persecuciones y armas automáticas. Destrozaron todas las previsiones de taquilla. Hicieron rico a Jack Warner y famosos a Warren Beatty y Faye Dunaway. Y, ahora, encabezan un ciclo de cuatro películas del Nuevo Hollywood que ha organizado el Festival de Sant Joan para ir abriendo boca. Un pase cada semana, gratuito y en VOS, a partir de hoy, en el Auditorio de la Casa de Cultura.

Fotograma de Bonnie & Clyde

La pareja sentimental de ladrones más famosa del cine abrió los ojos de una industria que languidecía entre películas de poco fuste y grandes superproducciones que se merendaban la mayor parte del presupuesto anual de cada estudio. Sin embargo, toda una camada de jóvenes llegaba con ganas de demostrar que con presupuestos mínimos y buenas historias eran capaces de devolver el aliento a un cine que ya no respiraba. Había pasado antes, cuando la II Guerra Mundial obligó a sacar las cámaras a la calle para abaratar costos. Ocurriría después, cuando el cine independiente de los 90 reventó los medidores sísmicos del cine con el epicentro situado en el Festival de Sundance. Pero entre 1967 y 1980 se vivió una segunda Edad de Oro en Hollywood. La historia de Bonnie & Clyde, dirigida por Arthur Penn, resquebrajó los cimientos del cine norteamericano y ensanchó unas grietas por las que se colaron, entre otros, Francis Ford Coppola, John Cassavettes, William Friedkin, Woody Allen y los aún más jóvenes Steven Spielberg, George Lucas, Martin Scorsese o Terrence Malick. Autores con cierta trayectoria como Stanley Kubrick o Sam Peckinpah aprovecharon el tirón para liberarse de todos los corsés. La veda del nuevo cine se había abierto a tiros.

Fotograma de El Graduado

Los cambios eran formales, de reparto, de ideas. Pero, sobre todo, morales. Junto a Bonnie & Clyde, otra película eriza las conciencias y destroza todos los manuales de lo que se puede y no se puede contar. En este caso, aborda la relación sentimental que se establece entre un niño bien y su futura suegra. Un simple plano, el de una pierna por la que se desliza una media, escandaliza a la sociedad y llena las salas de cine al mismo tiempo. Se trata de El graduado. Dustin Hoffman pone cara de asombro y Anne Bancroft da una lección de cinismo a las órdenes de Mike Nichols. La banda sonora, de Simon & Garfunkel, arrasa en las listas de ventas y enmarca una historia opresiva que saca a la luz las miserias y los secretos de una sociedad puritana en la que existen el adulterio, el clasismo y la hipocresía. Que, por primera vez, aparecen en escena sin rubor ni elipsis. Hollywood empieza a airear las habitaciones, a barrer debajo de las alfombras de una sociedad que no estaba preparada para el cambio que proponían los jóvenes.

Fotograma de Easy Rider.

Pero, al mismo tiempo, lo que se avecinaba tenía que asomar la patita por debajo de la puerta. Y de eso se encargó Easy Rider, dirigida por el cabecilla de los chicos malos de Hollywood, Dennis Hopper. La película, protagonizada por Hopper, Peter Fonda y un recién llegado como Jack Nicholson, es al cine lo que En el camino de Jack Kerouac había sido a la literatura veinte años antes. El argumento es simple y plantea una odisea sin Ítaca, un viaje hacia un futuro para el que no existen brújulas, pero que sin duda acaba lejos del inhóspito presente que marca el punto de inicio. Rock, motos y drogas. Sexo. Inconformismo. Descontrol. Y una carretera que encarna la distancia entre lo que proponen los grandes productores de los grandes estudios y lo que pide la nueva audiencia. Las cámaras en la calle, otra vez. Los poderosos no se quejan, porque todo es barato y da beneficios, y la carcoma sigue entrando a mansalva en la industria.

Fotograma de La última película

Con las cámaras en la mano, los nuevos directores juegan a reinventar el cine. Han aprendido de la Nouvelle Vague francesa. En su país, son la primera generación de cineastas cinéfilos. Han ido al cine desde pequeños. Han soñado con él, han faltado a clase por su culpa. No son pioneros, no están improvisando, no inventan desde la nada. Saben lo que hacen y cómo mejorarlo. Han aprendido el lenguaje cinematográfico viendo películas, se han curtido en el underground de productores como Roger Corman, traen ideas frescas y la televisión les da trabajo y carta blanca. El cine los ha vampirizado, es el centro de sus vidas. O el único recurso para divertirse en pequeños pueblos como el que sirve de fondo a La última película, de Peter Bogdanovich. De nuevo, las ilusiones de los jóvenes tratan de derribar un ambiente opresor en el que hasta una femme fatale adolescente, la debutante Cybill Shepherd, es capaz de sacar partido a sus muslos. Por fuera, todo parece estar igual. Pero por dentro, la caldera de la nueva escala de valores está a punto de reventar. Ya habían pasado JFK y Martin Luther King. Ya habían sonado los Beatles y los Rolling Stones. Bob Dylan era el nuevo profeta, se imponía la cultura popular, Andy Warhol, los hippies, el LSD, las protestas contra Vietnam y hasta un asesino como Charles Manson demostraban que se avecinaba una nueva era. Faltaba el cine, que en 1967 supo poner el contador a cero y volver a empezar.

CICLO
NUEVO HOLLYWOOD
03
de Abril. Easy
Rider
.
Dennis Hopper (EEUU, 1969)
10
de Abril. El
graduado
.
Mike Nichols (EEUU, 1967)
18
de Abril. La
última película
.
Peter Bogdanovich (EEUU, 1971)
24
de Abril. Bonnie
& Clyde
.
Arthur Penn (EEUU, 1967)
20.00
horas. VOS. Entrada gratuita. Auditorio de la Casa de Cultura de Sant
Joan.

Comentar

Your Header Sidebar area is currently empty. Hurry up and add some widgets.