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Carta abierta a la doctora Concha Castaño

Porque la lactancia materna es la opción más beneficiosa para la salud de madre e hijo -también la más barata-, se debe reconocer y agradecer el trabajo de la Comisión de Promoción, Protección y Apoyo de la Lactancia del Hospital Universitario de Sant Joan

El nuevo lactario del Hospital de Sant Joan | GENERALITAT

LAURA BAGUR | OPINIÓN- Doctora Concha Castaño, escribo este texto para darle las gracias. Usted preside la la Comisión de Promoción, Protección y Apoyo de la Lactancia Materna del Hospital Universitario de Sant Joan cuyo objetivo, según sus propias palabras, «es que la madre no tire la toalla ante las dificultades de esos primeros días
e inicie desde el primer momento la lactancia materna, brindándole
todos los recursos necesarios, tanto en el hospital como en atención
primaria, para que lo consigan y la mantengan”.

Pues bien, le doy las gracias, a usted y a todos los miembros de la comisión, porque cumplen su objetivo. Desde luego conmigo así ha sido, a pesar de las adversidades. La comisión que preside es muy importante: los beneficios de la lactancia materna son de sobra conocidos, tanto para la salud física y emocional de madre y lactante como para nuestro bolsillo, por qué no decirlo. Tal y como aseguran desde el Hospital, la leche materna es «la mejor nutrición para los lactantes y niños pequeños y una de las formas más eficaces de asegurar su salud y supervivencia».

De verdad, gracias, porque hasta a las madres más convencidas nos viene bien el asesoramiento y el apoyo y a cualquiera le enriquece la información científica y objetiva para poder tomar una decisión. En mi embarazo leí mucho, muchísimo, y estaba convencida de los beneficios de la lactancia. Era mi opción y no tenía ninguna duda al respecto. Pero una vez que dí a luz la cosa no fue tan fácil…

Cuando nos trasladaron a mi hijo, a su padre y a mí a la sala en la que pasas la primera hora tras el parto, dejé que se enganchara a mi pecho enseguida, tal y como me había recomendado la matrona del Centro de Salud. A esa sala vino una matrona y me volvió a explicar algunas cuestiones sobre lactancia, yo ya las sabía, pero puede que otras madres no. En ese momento yo creía que lo sabía todo. No era así.

Aunque sabía lo suficiente como para desechar los consejos desfasados sobre lactancia que recibí en planta por parte de un par de enfermeras, como que lo dejara mamar «diez minutos de cada pecho cada tres horas». Menos mal que me habían informado previamente sobre lactancia a demanda. Aún así, por favor, doctora Castaño, fomenten la
formación básica entre el personal de la planta de neonatos porque pueden tirar por tierra todo su trabajo.

La habitación en la que estaba era oscura, había dos ventanas pero una de ellas tenía la persiana rota y no entraba la luz. Estaba cansada, había pasado la noche en vela con contracciones hasta el parto, que fue a primera hora de la mañana. La pérdida de sangre me provocó anemia y también estaba mareada y
débil. Iba avanzando el día y los familiares y amigos no dejaban de venir aunque pedí expresamente que me dieran unas horas. Y me daba vergüenza dar el pecho delante de la mayoría de ellos, aunque era lo que mi hijo necesitaba.

Desde el primer momento recibí muy malos tratos por parte de una enfermera y una auxiliar, que actuaron de forma maleducada y en absoluto profesional conmigo, con mi hijo y con mi madre en reiteradas ocasiones (menos mal que otras tantas fueron profesionales maravillosas y lo compensaron). Empezaron las pruebas al niño, al que arrancaban de mi pecho porque «hay que hacerlo ya» y me dolía sobremanera que se lo llevaran cuando estaba mamando. Hubo nuevos tratos denigrantes por parte de aquella maldita enfermera contra la que aún hoy me arrepiento de no haber puesto una reclamación…

Cuando acabó el día estaba agotada, mi hijo no me soltaba y me dolía mucho el pecho. Si eso iba a ser así siempre, mi lactancia corría el peligro de frustrarse. Yo, que tan convencida estaba. Pero entonces, con quietud y calma, a las once de la noche, entró una enfermera a mi habitación. Con infinita paciencia, dedicación, amor y sabiduría, corrigió lo que no hacía bien, me insufló ánimo y fuerza y contribuyó de forma determinante a que mi hijo lactase hasta sus dos años de vida.

Por ella, por la matrona que siguió mi embarazo en el centro de salud de Mutxamel, por usted, doctora Castaño, y por todos los profesionales que tanto hacen por la lactancia, he querido escribir este texto tan personal en vez de limitarme a publicar la información que ha enviado el Hospital sobre la nueva sala de lactancia que van a habilitar, una sala en la que habrá profesionales para asesorar a las madres y en donde se impartirán talleres.

Le escribo este texto porque cambiar mentalidades y exigir la implicación de todos no debe ser tarea fácil, porque conseguir avanzar y lograr tantas cosas como están logrando desde luego es digno de reconocimiento. Por mí, por mi hijo y por tantas madres e hijos a los que seguro han ayudado. GRACIAS.

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