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En busca de la última parada de los refugiados: ¿La libertad?

Alicia Petrashova y Raquel Ferrando, dos alicantinas de 23 años, se embarcaron en un viaje por los principales asentamientos de refugiados sirios para realizar ‘Última parada: Libertad’, un proyecto fotográfico documental



TONI GÁREZ (@tonigarez) | MANUEL R. SALA (@olovideo) | ALICANTE – Cualquier crisis saca lo mejor y lo peor de cada persona. El drama humanitario de los refugiados sirios es un ejemplo de ello, aunque quizá la parte más visible no siempre sea la vocación solidaria de miles de voluntarios y personas desinteresadas que se acercan a retratar esa cruda realidad.

Con el tiempo las imágenes que al principio nos horrorizaban al verlas por televisión terminan convirtiéndose en titulares con inexpresivos números de muertes y desapariciones, agresiones, o cantidades de dinero que la Unión Europea ha entregado como un cheque en blanco a Turquía para que esconda una de las miserias más profundas de su no precisamente corta historia.

Por ello, iniciativas como la que han llevado a cabo Alicia Petrashova y Raquel Ferrando resultan a la postre claves para comprender el verdadero alcance de las consecuencias de la guerra y la inaptitud política. Fue en septiembre del año pasado, tras la aparición en televisión de la imagen del pequeño niño sirio Aylan ahogado en una playa turca, cuando estas dos alicantinas de 23 años (22 en aquel momento) decidieron poner en marcha el proyecto ‘Última parada: Libertad’. Su intención era realizar un libro fotográfico documental que contara la historia de estas personas en su camino hacia el norte de Europa, su pretendida salvación.

Después de mucho trabajo y la inestimable ayuda de personas anónimas a través de una campaña de crowfunding, Alicia y Raquel emprendieron su viaje hacia Grecia en febrero. En total, su estancia ha durado cerca de tres meses en los que han recorrido las principales localizaciones de migrantes y refugiados sirios en Europa: Grecia (Atenas, Lesbos e Idomeni), Turquía (Izmir, Estanbul, Gaziantep), Macedonia, Serbia y Alemania (Berlín).

  (Foto: Alicia Petrashova)

Sin ninguna acreditación en su poder y con una cámara de fotos, un bolígrafo y una libreta como únicas armas (con lo que eso conlleva en un lugar de guerra), las dos jóvenes se las ingeniaron para retratar cientos de momentos y escribir otras tantas historias sin ser detenidas. Aunque cerca estuvieron cuando pasaron por la ciudad de Suruç (Turquía), frontera directa con Siria. Tras varias horas retenidas, interrogadas y con la incertidumbre de si serían arrestadas, finalmente las dejaron libres para continuar con su viaje.

Son muchas las personas e historias con las que se han encontrado, aunque hay algunas más recurrentes que les vienen a la cabeza ahora que ya hace varias semanas que regresaron. En una entrevista con pregoner.es, Alicia asegura que hace apenas unos días recordó una situación que le produjo un dolor especial. Fue en una gasolinera abandonada, a unos 20 kilómetros de Idomeni, que varias ONG utilizaban para reunir las cajas de ropa que llegaban desde diferentes puntos del continente.

La falta de organización y la escasez de manos para repartir esos recursos provocaban retrasos en la entrega, tan necesaria, de ropa seca para los refugiados. Por ello, una noche, un grupo de personas entró en el almacén y robó varias cajas de ropa. Alicia se encontró con una mujer que se escondía en unos arbustos: “Sus ojos reflejaban, por encima de cualquier otra cosa, humillación, porque nunca habría pensado que un día llegarían a la situación de rebajarse hasta robar a unas personas que querían ayudarles, simplemente para darles a sus hijos unos calcetines secos”.

Raquel, por su parte, se acuerda de las amistades labradas a lo largo del camino. Es el caso de Firas y Adnam, dos hombres de 21 y 65 años que se han convertido en uña y carne, casi obligados por la situación. A Firas, un antiguo ‘showman’ que residía en Aleppo (Siria), la explosión de un artefacto le causó serios daños en piernas y espalda, lo que le llevó a ser intervenido quirúrgicamente hasta en tres ocasiones para tratar de revertir las consecuencias.

Sin embargo, la guerra le impidió acceder a un tratamiento en condiciones, por lo que decidió ponerse en ruta para tratar de encontrar, primero en Turquía y después en Europa, algún país que le dé asilo y le ofrezca los cuidados médicos que necesita.

Adnam es ahora su compañero de vida, quien cuida de él, ya que sus hermanos no pudieron acompañarle porque el dinero del pasaje solo daba para una persona. Le ayuda mientras espera reencontrarse con su mujer e hijos, de los que se separó hace más de dos meses.

Infinitas historias con algo en común: todos han perdido mucho. Familias, amigos, casas, trabajo… En definitiva, una vida. Ante ese dolor, es lógico que, tal y como relatan Alicia y Raquel, “cuando te cuentan que murió alguien cercano a ellos lo hacen sin más, fríamente; conviven con la muerte”.

  (Foto: Alicia Petrashova)

‘Última parada: Libertad’ nació como “un halo de esperanza” pero quizá a su significado, tras las deportaciones masivas y la represión, haya que añadirle dos signos de interrogación. Así opina Alicia, pues los refugiados no parecen haber alcanzado la libertad, sino más bien “todo lo contrario, el infierno continúa”.

Ahora el camino de estas dos jóvenes alicantinas vuelve a partir desde casa, luchando a través de otros medios, como la publicación del libro documental y la realización de una exposición que muestre al mundo la dramática realidad de miles de personas, su lucha por la supervivencia y por una vida digna que se terminó con una guerra en la que no tuvieron nada que ver.

Por cierto, antes de su regreso definitivo a Alicante, aún tuvieron fuerzas para visitar el campamento de refugiados de Calais, en Francia, más conocido como “La Jungla”. Y después de todo lo vivido durante meses en tierras mucho más lejanas, no dudan en asegurar que es allí donde se vive en un constante miedo.

“Queríamos que la gente viera algo que pueda parecerles más cercano. Francia está aquí al lado y mucha gente se asombra de que allí pueda existir un campo de refugiados en el que ya no hay esperanza; ha dejado de ser algo temporal, están abandonados”.

Abandono, maldita palabra. 

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