La nacra está desapareciendo de las aguas españolas a causa de un parásito que acaba con su sistema digestivo, "una auténtica catástrofe natural" ocurrida en menos de un año | La esperanza es que haya individuos resistentes que puedan repoblar el fondo marino, pero no se está encontrando ninguno


FOTO: Maite Vázquez (COB-IEO
L. BAGUR | VÍDEO: M.R. SALA | PROTECCIÓN ANIMAL- La Pinna nobilis, conocida comúnmente como nacra, es una especie endémica del mar Mediterráneo; parece un mejillón, pero mucho más grande -puede medir hasta 120 centímetros- y llega a vivir hasta 40 años. La nacra lleva en la Tierra millones de años (existen fósiles del mioceno, una época que se extiende desde hace unos 25 millones de años hasta hace unos 5 millones de años) y en la década de los 60, en playas como el Postiguet había nacras prácticamente hasta la orilla. Poco a poco, la población de este molusco fue mermando por la intervención de los humanos en las costas. Por el fondeo de las embarcaciones, por la contaminación del agua, por las construcciones que afectan a las praderas de posidonia oceánica, donde vive principalmente, y porque era muy habitual pescar las nacras para utilizar sus conchas como ceniceros o elementos decorativos. Después, la nacra se catalogó como especie protegida y se prohibió su extracción, así que la población del molusco propio del Mediterráneo se recuperó. Hasta ahora, que está afectada por un protozoo, un organismo unicelular que se aloja en su sistema digestivo y acaba con él. Entre Almería y Castellón, pasando por Baleares, ya no queda prácticamente ni una nacra viva.

Este molusco es un filtrador, retiene los nutrientes que hay en el agua y la expulsa limpia. Además, su concha está recubierta por más de 80 especies y otras dos, "dos cangrejillos", viven dentro de las nacras; "en zonas donde no hay roca, hacen el papel de roca, de pequeños arrecifes", y por todo esto, por proporcionar nuevos hábitats y contribuir al aumento de la biodiversidad y la riqueza de los ecosistemas en los que reside, se le considera una especie estructurante, según detalla el biólogo marino Santiago Jiménez, del Instituto de Ecología Litoral.

Jiménez ha pasado tres años monitorizando y estudiando el comportamiento de una parcela de nacras en la reserva natural de Tabarca. Por eso, cuando a finales de septiembre de 2016 se detectaron en Almería los primeros indicios del parásito, fue a comprobar el estado de las nacras de Tabarca. La población estaba mermada al 80% "y para Navidad ya estaba prácticamente al 100%", relata. Las cifras son igual de alarmantes hasta Castellón. Pero en las Islas Columbretes, en las Islas Medas y en el Delta del Ebro las nacras están vivas. También en Croacia, Francia e Italia. "Puede ser por la temperatura, por las corrientes, o porque el protozoo va poquito a poco para allá", detalla el biólogo marino. 


Los principales expertos en el estudio de la nacra a nivel nacional han elaborado un artículo para dar a conocer a la comunidad científica esta "catástrofe natural". Pero el parásito que está acabando con ellas no se puede combatir. La esperanza es que haya individuos resistentes al protozoo y puedan ir reproduciéndose hasta repoblar el fondo marino, aunque "ahora mismo no estamos encontrando ninguno", reconoce Jiménez. Por eso es importante que los buceadores avisen si encuentran nacras vivas. El Instituto ha alertado a los centros de buceo y están en comunicación permanente. A veces reciben avisos, pero al ir a comprobarlos se encuentran con nacras de roca, una especie muy similar, aunque de menor tamaño, a la que no está afectando el protozoo. 

De momento, hay que dejarlas en el mar y esperar a que pase el verano, que es cuando se reproducen. Pero si el parásito sigue atacando, "va a acabar con las poquitas que queden". Una vez pasado el verano, si hubiera nacras resistentes al protozoo, podrían capturarse y redistribuirse, aunque intervenir de esta forma costaría tiempo, investigación y dinero. En cualquier caso, con intervención humana o sin ella, la recolonización de esta especie es muy lenta, detalla Jiménez. "Cuando no había reserva en Tabarca había muy poquitas nacras; con la reserva y la protección de la especie se recuperó la población, pero ha tardado 30 años". 

Este molusco es hermafrodita y suelta huevos que se fecundan. Las mareas arrastran durante una semana las larvas, y aunque la mayor parte muere, algunas prosperan. Solo en sitios que le son favorables, "y son bastante exigentes en ese sentido", detalla el biólogo marino. En cuanto al parásito, es cíclico, "cada ciertos años vuelve a producirse una explosión de este protozoo". Por eso, si no hay nacras resistentes, "acabará con lo que haya", explica Jiménez. 

Hace unos años sucedió un episodio similar con las ostras del Mediterráneo y a partir de aquellas pocas a las que no les afectó la enfermedad, se está recuperando la población, "pero está costando que vuelva a los niveles previos". A demás, a diferencia de otras especies, las nacra tiene una recolonización muy lenta. Y tendrían que quedar individuos resistentes, algo que parece cada vez menos probable. Dejemos que pase el verano. 

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