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Cada gala, un examen

 

Las galas del Festival de Cine de Sant Joan las organizan los alumnos de Realización del IES Luis García Berlanga | Pregoner.es ha estado con ellos

Ensayos previos a las galas | FOTO: ZOWY VOETEN

 

RAFA BURGOS (@FaroImpostor) | CULTURA- Un día cualquiera de los que se dedican a la organización del festival de Cine de Sant Joan (FCSJ). Interior, tarde. El Instituto de Enseñanza Superior (IES) Luis García Berlanga apenas da señales de vida a estas horas, escondido tras un muro y una puerta de metal abierta al final de una fila india de rotondas. A la derecha de la recepción, un pasillo forrado de fotografías conduce a un aula con las clásicas sillas verdes con reposabrazos apelotonadas junto a las paredes, repletas de mochilas y abrigos. Todos los sonidos de la tarde parecen concentrarse allí. En un extremo, tres alumnos trastean una imponente mesa de sonido. Al otro, hay un embrión de escenario orlado de focos y dos alumnas cantan para probar los micrófonos. El profesor Carlos Rielo lo observa todo, prácticamente sin intervenir. Varios alumnos van de un lado a otro, salen a fumar, hablan entre sí. Solamente una alumna permanece quieta, sentada en una esquina, con una libreta y pendiente del móvil.
El FCSJ nació aquí. Lo explica Juan Ramón Roca, profesor del centro y uno de los impulsores del certamen. “Desde el instituto quisimos organizar un festival de vídeo que sirviera de ventana para ver lo que se hacía en otros centros similares de toda España. Era un certamen nacional que unía dos categorías, la de escuelas y la general“, recuerda. “Año a año, tratamos de que funcionara, pero no cuajó, quizá por la poca implicación de los centros o quizá por la inseguridad que mostraban a la hora de presentar sus trabajos. La sección escolar, poco a poco, se fue convirtiendo en marginal, hasta el punto en que solo nos llegaron tres o cuatro trabajos, lo que llevó a la desaparición de la sección. Pero ya habíamos empezado a potenciar el festival para todo tipo de trabajos”.

El festival, además, escondía otro propósito. “Servía para que las galas de inauguración y clausura las organizaran nuestros alumnos, como una manera de llevar a la práctica lo que hacemos aquí. Así que son ellos los que se encargan de la representación escénica, del espectáculo y de grabarlo todo”, indica Roca. En el mundo del espectáculo, nada es lo que parece. “Se trata de un trabajo práctico evaluado, tanto el montaje que aparece durante el concierto como toda la parafernalia de la gala, salvo el protocolo”, continúa el docente. “Y lo hacen todo exclusivamente los 20 alumnos del primer curso del grado superior de Realización [de Proyectos Audiovisuales y Espectáculos], que se reparten sus funciones por sorteo, salvo los presentadores, que son voluntarios“. Las tareas se reparten en “seis grupos: Dirección, Escenografía, Iluminación, Sonido, Presentadores y operadores de Equipo”. Todos los integrantes rondan los veinte años. La paridad es absoluta, mitad chicos, mitad chicas.

 Juan Ramón Roca | FOTO: DANI MADRIGAL

En otra sala, que parece la biblioteca del centro, unos seis alumnos mantienen una reunión. Están sentados en círculo, como en la mesa del rey Arturo, nadie preside, nadie destaca. Las persianas están entrecerradas. La luz, encendida. El principal responsable de la organización de la gala rompe el círculo y se acerca a una mesa para hablar con pregoner. Se llama Lau Maestre, apenas estrenada la veintena, viste de negro y lleva una cinta a la cabeza. “En este momento, estamos en una reunión con el equipo de iluminación”, refiere. El resto de componentes del círculo sigue hablando.

“Yo pedí este puesto”, asevera. “Tenía ganas de afrontar el reto. Siempre he probado con todos los ámbitos de la imagen y el sonido, pero nunca desde la realización”. Habla despacio, sin dejar de sonreír, pese a la tensión. “La principal función del director es controlar que todo vaya bien, a pesar del poco tiempo de que disponemos. Este tipo de trabajo necesita una gran dosis de serenidad. Absorbes el estrés de todos los compañeros y lo tienes que transformar en seguridad“. A la psicología, se une el oficio. “Además, debes aportar y seleccionar las ideas que llegan de todo equipo”, continúa Maestre, “cómo será la introducción, cuál será el contenido, qué uso se le dará a las redes sociales. En dirección somos cuatro personas que nos dedicamos a redactar el guion y la escaleta, de la organización en general. La parte técnica se encarga de que todo funcione y de solucionar los problemas que vayan surgiendo”.
En el pasillo, charlan Roca y Rielo. Delegan y confían en sus alumnos. Forma parte de la asignatura. Soltarlos en la vorágine para que se acostumbren pronto a un trabajo febril. “Para ellos es un reto, sobre todo porque tiene fechas concretas, lo que les genera tensión y muchas dudas”, admite Roca. “Durante una semana, todas las asignaturas se vuelcan con la organización, con lo que se crea una especie de convivencia, de trabajo en equipo, en el que aprenden que tan esencial es el director como un electricista para que todo salga a la perfección”.
Cualquier escenario es una amalgama de disciplinas, delante y detrás de los focos. “Queríamos que el FCSJ fuera un festival que integrara otras enseñanzas artísticas”, rememora Roca. “Hubo ediciones en las que colaboró el Conservatorio Superior de Danza José Espadero. También encargamos el cartel a los alumnos de la Escuela de Diseño de Alicante, aunque depende en gran medida de la iniciativa de sus alumnos”. Y “a partir de 2003 o 2004”, una de estas colaboraciones se consolidó y creó otra de las funciones del grupo de estudiantes. “Empezamos a trabajar con la Sociedad Musical La Paz, gracias a la colaboración de su presidente, Pepe Espinós. De ahí surgió un concierto de música de cine que se interpreta cada año y que se acompaña con un montaje de las películas que aparecen en el repertorio”. Este año, el acto estará dedicado a John Williams, compositor de las más célebres bandas sonoras del último medio siglo, como las de las sagas de Star Wars, Indiana Jones, Parque Jurásico o Harry Potter.

Un grupo de alumnos analiza la escenografía de la gala | FOTO: ZOWY VOETEN

 

De vuelta a la primera sala, nada parece haber detenido el movimiento constante que refleja que disponen de poco tiempo para realizar su trabajo. Poco a poco, se van acercando para atender a pregoner. “En estos momentos tenemos mucho trabajo encima. Falta acabar de organizarnos, todos tenemos muchas ganas de que lleguen las galas. Como hemos elegido una temática clásica para la gala, tenemos que determinar qué colores queremos usar y cómo afrontar las transiciones”, cuentan Ángela y María, de Iluminación.
Disciplinadamente, y casi sin pensarlo, son capaces de poner orden en el caos. “He elegido el puesto porque además de aprender todo lo que se hace detrás de los equipos, creo que tengo soltura para ponerme también delante”, asegura Ludmila, presentadora la gala. Todas las secciones, salvo los operadores de equipos, están hoy pendientes de lo que sucede sobre el embrión de escenario, en el que son capaces de ver lo que sucederá dentro de aproximadamente un mes, durante la celebración de las galas del FCSJ. Forma parte de su trabajo, anticiparse con la imaginación a lo que luego tendrá que funcionar frente al patio de butacas, en presencia de cientos de espectadores. “Lo que hacemos nosotros es una evolución del teatro”, explica Daniel, de Escenografía, la sección que menos depende de la técnica. “Montamos el escenario, que va a tener temática clásica, de los años 30. Nos encargamos del vestuario y del atrezzo”.
Un hilo invisible de reloj tira de ellos cuando toca recoger. Todos colaboran. No hay categorías. Nadie ha dado una sola orden. Poco a poco, todo lo que han necesitado se guarda en un pequeño trastero que hay detrás. Jorge, de Sonido, subraya que su sección es de riesgo. “Es lo que más nota el espectador, en seguida se detectan los fallos“. Su labor consiste en que “el público tenga una buena recepción de todo lo que ocurre en el escenario. Cada sonido que se necesite, se debe escuchar bien y en el momento justo. Debe notarse la presencia de cada cosa y la importancia que se le quiere dar en cada momento”.
Cuando acaban, van saliendo en fila para asistir a una clase que está en otro piso, al que se accede por las escaleras que están en el otro extremo del pasillo forrado con fotografías. De allí baja la regidora, Ana María. “Yo apoyo todas las decisiones que se toman y pongo orden”, dice entre risas. “Tengo que hacer un seguimiento de lo que se hace cada día y comprobar que todo vaya bien”. Una tarea oscura pero agradecida. “Desde aquí se ve mejor la cantidad de trabajo que lleva una gala, que es mucho para el poco tiempo que hay. Pero al final, satisface que todo salga bien, será emocionante“, sentencia.
A su marcha, el IES Berlanga vuelve a quedar mudo. Solo la recepción sigue abierta al visitante. Afuera ya cae el sol. Exterior, noche.

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