Habría robado más de 350.000 euros durante casi cuatro años de actividad delictiva | Llevaba en búsqueda y captura desde 2013 y trabajaba regentando una frutería




REDACCIÓN | ALICANTE- La Guardia Civil de Alicante ha detenido en Hondón de los Frailes (Alicante) a un hombre, español de 58 años, y a su compañera sentimental, una española de 48, como presuntos autores de 7 delitos de robo con violencia e intimidación en sucursales bancarias y un delito de tenencia ilícita de armas. En el momento de la detención se incautaron dos revólveres, tres cajas de munición, unos 50.000 euros en efectivo y capuchas y efectos que utilizaban durante los hechos delictivos.

Más de 350.000 euros es el cálculo que han realizado los investigadores de la Guardia Civil de Alicante, del total de dinero que habían conseguido los detenidos en sus golpes a las 7 sucursales bancarias distribuidas por las provincias de Alicante y Murcia. 

En la provincia murciana realizaron dos golpes: en El Siscar, y El Raal; y en Alicante fueron cometidos en Granja de Rocamora, Monforte del Cid, Raiguero de Bonanza, Sax, y La Murada, siendo ésta la última localidad afectada, en donde consiguieron un botín de casi 80.000 euros. 

Golpes muy planificados


Poco se sabía del atracador, que durante más de 4 años ocultaba su rastro y solo aparecía para atracar sucursales a cara descubierta. Estas sucursales habían sido previamente seleccionadas tras un minucioso estudio y análisis por parte del atracador. 

Otra característica que alarmaba a los empleados de banca que tenían la mala suerte de toparse con él, era su actitud. Calmado y paciente, asustaba sobre todo por su templanza: revólver en mano, se sentaba tranquilamente a esperar mientras se consumía el tiempo de apertura retardada que como medida de seguridad tienen las cajas de las sucursales, y es que el presunto autor de los robos tenía controlados todos los detalles. 

Según ha revelado la investigación de la Guardia Civil, se desplazaba durante días a la localidad de la sucursal elegida, y realizaba un minucioso estudio para dar el golpe. Vías de escape, tiempos de reacción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, fechas y horarios de reparto de los camiones blindados, costumbres de los empleados, medidas de seguridad, y un largo etcétera de detalles que luego le servían para cometer robos limpios y seguros, y así dificultar lo más posible la investigación policial. 

Las oficinas elegidas estaban situadas en poblaciones pequeñas o pedanías, pero con múltiples accesos para facilitar la huida, y eran sucursales con poco trasiego de clientes, para tener mayor seguridad durante el golpe. 

Aunque actuaba a cara descubierta, ha sido muy difícil encontrarle, a pesar de haber solicitado colaboración de los ciudadanos por redes sociales, y de que su fotografía llegó a hacerse viral. 
Al parecer el detenido usaba gafas, con una importante graduación y gran tamaño y cuando se las quitaba para cometer los golpes, cambiaba radicalmente de aspecto. 

Una vez cometido el robo, volvía a colocarse las gafas, se rasuraba el pelo y recuperaba el aspecto de bonachón, por el que era conocido en su entorno. Durante los largos periodos que permanecía 'dormido' en su actividad delictiva, trabajaba de cara al público, regentando una frutería, y nadie lo asociaba al atracador de bancos que llevaba en búsqueda y captura desde 2013, excepto su compañera sentimental, que conocía perfectamente su faceta oculta, y quien los agentes creen que ayudaba a estudiar las sucursales.

Su modus operandi era siempre el mismo, entraba en la sucursal y entablaba conversación con algún empleado. Durante un momento de la conversación sacaba el arma, con tranquilidad, y amenazaba al empleado apuntándole y exigiendo el dinero. Hasta en tres ocasiones había llegado a maniatar a los empleados del banco con bridas de plástico, para sentirse más seguro.

Una vez con el dinero en su poder, emprendía la huida con la misma discreción con la que había entrado, sin despertar las sospechas del resto de ciudadanos. Además de tener antecedentes -había pasado largos periodos de tiempo en prisión, lo que podría haberle dado esa templanza fruto de experiencias anteriores- se sabe que su padre también se dedicó al robo y llegó a estar encarcelado en numerosas ocasiones por hechos similares.

En el momento de su detención, llevaban encima 50.000 euros que habían robado tan solo 48 horas antes en la localidad de La Murada. Posteriormente, en el registro del domicilio, se encontraron los dos revólveres que utilizaba para los atracos, y diversa ropa empleada en ellos.

Tras la detención, el hombre de 58 años y la mujer, de 48, han sido puestos a disposición judicial, ingresando él en prisión preventiva sin fianza, y ella en libertad provisional con cargos.

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