Mandioca invita al lector a empaparse en un torrente de ideas heterodoxas y en el estilo audaz del autor. Lo único usual del libro es que tiene estructura de libro, es tangible y finito 



Foto. DANI MADRIGAL

CELIA CONDE | CULTURA - El libro está compuesto por quince relatos. Muchos de ellos con pinceladas autobiográficas. No diré cuáles porque no me las ha querido decir. Un prólogo de David Báez con muchos guiños al autor, y un prefacio de apenas dos páginas. Esto es todo cuanto puedo escribir de la estructura de Mandioca. Todo lo demás es libre albedrío. En realidad es simple: es enlazar una letra con otra con el fin de formar diferentes melodías y entender el enfoque del autor dentro de la historia, a base de palabras, frases y párrafos. Todo está donde tiene que estar una vez que se acaba hasta el último gramo de idea que se quería volcar en la historia. 

Un drumm and bass a lo reggae, donde tu cuerpo se engancha con un mismo movimiento y tu mente vuela alto a otro ritmo. El lector entra en trance una vez entiende que la finalidad de Eduardo Vidal no es entretener, sino causar sensaciones, aportar algo, sentir el expresionismo surrealista de los personajes que nadan en sus propias desventuras. Todos son unos antihéroes de los más corrientes, como los que nos encontramos en una parada de autobús o en nuestro portal cada vez que vamos a tirar la basura. Gente de ideas poco usuales que acaban, al menos en intento, por cumplir eso que les inquieta. 

El escritor Vidal te embauca con sus visiones llenas de descripciones y de giros, que el lector llega a preguntarse si está leyendo o si está conversando con algún desconocido de esos que conoces de toda la vida. Entre historieta y relato llegas a pasar la página con una sonrisa traviesa pensando para tus adentros: "¿Ahora qué se le ha ocurrido a este chico?". No cabe la menor duda de que Vidal disfruta escribiendo, combinando prosa y poesía. Es atrevido en su lenguaje como en el desenlace de sus relatos. Algunos apuntan a que su prosa es más bien florida, que pertenece al neobarroco. Sin embargo, como ya se han dado cuenta otros, como el tal Báez del prólogo, si nunca se hubiese sabido que Vidal ya ha leído a Onetti, Cortázar y a Lezama lo más seguro es que escribiría del mismo modo en que lo hace ahora, o incluso, puede que todavía mejor. 

Muchos de los relatos que están concentrados en las 160 páginas se escribieron de madrugada, después del trabajo. Para hacer eso, es imprescindible que te apasione lo que haces. No hay medias tintas. Hacer de la escritura el mejor postre que cualquier cocinero pueda desear después de su turno de trabajo en un restaurante parisino, es algo que supera incluso al orgasmo más deseable, que espera desnudo entre las sábanas de tu cama deshecha de un estudio sin amueblar. 

Se reinventa continuamente en su manera de escribir. Juega con las palabras y la manera que tiene de trazar las ideas. No sorprendería que una segunda o tercera lectura de algunas de sus historias, hiciesen cambiar diametralmente la manera de ver a los personajes que crea Vidal. No está todo masticado. Como buen cocinero, los ingredientes están colocados estratégica e higiénicamente encima de la mesa, parte de la receta se encuentra en el libro y la mezcla y el resultado es cosa del pinche.


Si hubiese otra forma de expresión que no fuese la escritura ¿cuál sería la manera que tendrías para desahogarte?


E.Vidal: No se me ocurre nada comparable, sin la escritura me sentiría incompleto. Mediante las palabras descifro el mundo al que he sido lanzado, las uso para construir mi propia versión del asunto y esa versión del asunto, una vez plasmada en un relato, ya no me parece tan aterradora. 


¿Qué tipo de lector te gustaría que te leyera?



E. Vidal: Una persona inquieta, un lector al que no le incomoden los excesos. Invoco a los adictos a la recompensa inmediata, pero también a los que cultivan el terruño, altruistas dopados o mojigatos sobrios, taxistas, dentistas, peña en paro…. Cualquiera que persiga un espejismo tiene cabida en este mosaico. Es en la suma de perspectivas que se afila el criterio. 


Afirmando esto, supongo que te rodearás con diferentes tipos de personas



E. Vidal: Sí. Me aburre oír siempre las mismas voces opinando con tono moralista, ya sea desde la izquierda como desde la derecha. Lo importante es discutir. Enfrentar ideas y preferencias contrapuestas sin que ningún bando sea víctima de represalias. Un tiranuelo o tiranuela vive en cada uno de nosotros, es responsabilidad de cada uno mantener el suyo a raya, y para esto, lo que va muy bien es beber de todas las fuentes. 


¿Escribirías alguna vez una novela?



E. Vidal: No. Va contra mi naturaleza. Para eso tendría que ser constante y construir el hilo de la historia durante un largo recorrido. Pero, bueno, quién sabe, a lo mejor a los cincuenta sigo vivo y me da por intentarlo, otra cosa muy distinta es que me guste el resultado. De momento lo que me gusta es tener la libertad de acabar con mi idea cuando quiera y empezar una nueva. De ahí, los relatos. Disfruto yendo de un tema a otro, una novela no me permitiría tener tanta desestructuración como la que hay en este libro. La novela requiere disciplina.

Foto: DANI MADRIGAL

¿Qué te perturba más de todos los temas que se tocan en el libro: la política, las modas, las drogas, la santería, el vicio o el ocio?



E. Vidal: Puede dar la impresión de que todo eso que has mencionado me perturba, y en parte es cierto, hay días en que toda esa mierda me satura, pero en el fondo, las excentricidades humanas me conmueven. Hay mucha comedia por exprimir de mi generación y de nuestra época. Siento gran admiración por iconoclastas como Joan Roca o Ferran Adrià, y esto sin haber pagado nunca por papeo tecnoemocional. Encuentro fascinantes los caprichos humanos a lo largo de la historia, incluso los más sórdidos. Lo importante es no olvidar que estamos todos juntos en esto. Nos guste o no, individualismo no implica supresión de la empatía. El rollito psicotropicaloide que se trae la electrocumbia es un buen ejemplo, en esas profundidades debemos nadar.


¿Dónde podemos encontrar tu libro?


E. Vidal: Para aquéllos que les gusta involucrar casi los cinco sentidos en la elección de un libro tienen la posibilidad de encontrar Mandioca en la librería alicantina Pynchon&Co. De todas formas, no es necesario tampoco trasladarse hasta ahí ya que desde la página de la editorial Stirner también se puede adquirir desde cualquier parte del mundo. Además, se tiene la posibilidad de leer gratuitamente 3 de los 15 relatos que componen el libro.


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