"La animación no tiene límites. Es capaz de contar todo tipo de historias. No solo tiene una extraordinaria capacidad de explotar la fantasía, más vinculada a lo infantil, a lo que pide el mercado, también tiene una gran fuerza en el ámbito underground"


La Comunidad Valenciana es uno de los focos punteros de la animación en España | FOTO: PANGUR ANIMATION

RAFA BURGOS (@FaroImpostor) | CULTURA- Hay un cine de barro, artesanal, palpable. Incluso ahora, en la época de la creación digital en tres dimensiones, la animación es el ámbito de las texturas, de la materia, de la escenografía. Un sector cinematográfico en auge, que cuenta con espacio propio en el Festival de Cine de Sant Joan (FCSJ), patrocinado por Norma 10. Y que protagoniza, probablemente, lo más importante que le ha pasado al cine en los últimos años con la irrupción de Pixar, tanto en su aportación tecnológica como en la consolidación de guiones inteligentes para un público infantil. Pero su rastro se adivina en un camino que va desde el ilusionismo de Georges Méliès hasta el onirismo de Hayao Miyazaki, pasando, por supuesto, por la omnipotencia de Disney. Y dentro de la animación, hay un sector superviviente que aparece y desaparece lejos de la regulación del mercado. Es la animación manual fotograma a fotograma, la stop-motion, un milagro de la paciencia que ha dado maravillas como el gigantesco gorila del primer King Kong o el apasionante universo de Pesadilla antes de Navidad y genios como Ray Harryhausen o Jim Henson. Y que sigue atrayendo, como demostraron el año pasado Kubo y las dos cuerdas mágicas o La vida de Calabacín. "La stop-motion atrapa", cuenta Ana Esteve (Albacete, 1982), animadora de muñecos de plastilina y fundadora del estudio valenciano Pangur Animation. "Las tres dimensiones permiten muchos efectos que dan resultados espectaculares, pero hay algo en lo físico, en la construcción con diversos materiales de los muñecos y su puesta en movimiento, que llama mucho la atención. Es algo capaz de tocar alguna fibra del espectador a un nivel muy profundo". 


Esteve, Iván Madolell, Pablo Muñoz y Vicente Mallols coincidieron en una serie de animación infantil, Clay Kids y, cuando acabó, en 2015, decidieron unirse en un proyecto nuevo, Pangur Animation. Durante ocho meses, elaboraron un corto de dos minutos, Feardom, que fue su "banco de pruebas y carta de presentación". El célebre animador alcoyano Pablo Llorens les confió poco después unos "vídeos para diferentes canales de YouTube" con los que empezaron a conseguir los ingresos suficientes para centrarse en su vocación. Desde entonces, han trabajado para estudios como Warner Bros o jugueteras como Hasbro.

Ana Esteve | FOTO: PANGUR ANIMATION
El hechizo de Esteve viene de lejos. "Desde pequeña, siempre me recuerdo jugando con la plastilina, era algo adictivo para mí", rememora. "Llegaba a realizar exposiciones de muñecos, como una de dinosaurios, y cobraba entrada a mis padres. Poco después di con el trabajo de Jim Henson y con Pesadilla antes de Navidad, la película de stop-motion que produjo Tim Burton". Y quedó atrapada. 


Un curso con Llorens en Alicante, donde residía, le dio el impulso definitivo para marcharse a Valencia, donde entró en el sector de la mano de Clay Kids. "Al principio no sabía si me iba a gustar", confiesa, "porque la stop-motion, vista desde fuera, puede ser muy tediosa. Pasas horas y horas con los muñecos, a solas, moviéndolos milimétricamente". Pero desde dentro, es mágica. "Enseguida te atrapa el preciosismo de todo lo que envuelve a una producción de stop-motion, son fascinantes los movimientos, la fluidez, contar historias con la tranquilidad de saber que el que da la cara es un muñeco", asegura. "Es impresionante entrar en un taller y disfrutar de la cantidad de cosas diminutas que se van a utilizar, de los decorados a escala, de la recreación de la iluminación".

Feardom se rodó en su habitación. Pero con los encargos, llegó la necesidad de contar con un estudio propio del que ya disponen. Y allí pasa los días. "Casi siempre comenzamos con una reunión de trabajo en la que planificamos todos lo que vamos a hacer", explica. "Es muy importante, porque en la animación no hay nada espontáneo. Antes de ponerte a trabajar, tienes que tener claro el tono del plano y lo que quieres transmitir. Solo después ya puedes pasar horas moviendo el muñeco". La duración de un rodaje varía "en función del número de personajes y del tipo de acción que se va a representar", indica. "No es lo mismo rodar a dos muñecos hablando que uno solo saltando con cuerdas y escapando de explosiones. Hacer que caminen es una de las cosas más complicadas, por ejemplo". Una labor minuciosa y larga. "Generalmente, rodamos una media de 80 o 100 fotogramas por sesión. Aunque hay quien pide de 120 a 150, en algún encargo". Para completar la ecuación, añade que ruedan a la mitad de la velocidad normal, "a 12,5 fotogramas por segundo, que nos funciona bien".

La Comunidad Valenciana es uno de los focos punteros de la animación en España. "Hasta la Facultad de Bellas Artes de la UPV tiene cursos especializados en animación". Esteve aventura que "quizá todo parte de la gran tradición artística de la construcción como representación del mundo que tenemos alrededor". Y al éxito de Llorens, que "sentó las bases y generó un universo de profesionales que colaboraban juntos. Poco a poco creció, se hizo enorme y formamos una gran familia". Después llegaron los cursos de animación de Clay y todo se asentó. Y ahora, "la reapertura de la RTVV está activando otra vez la animación, que va a ser un hervidero".

PANGUR ANIMATION
Esteve confirma que "en el campo de la animación trabajan muchas chicas", pero que chocan con el mismo techo de cristal que el cine en general. "Debería haber más", reivindica, "y, sobre todo, debería haber más directoras o guionistas, porque ves producciones pequeñas dirigidas por mujeres y aportan una visión más visceral de las cosas, muy diferente a la de los hombres". "Mi idea es formarme para acabar dirigiendo, sin duda", avanza.

La animación sufre también la paradoja de la infantilización. Por un lado, es lo que genera la industria necesaria para abordar otros proyectos. Por otro, constriñe la visión del sector desde fuera "Los proyectos generalmente suelen estar dedicado al público infantil", concede, "pero lo que hacemos los estudios por nuestra cuenta suele ser más adulto". "Hay que intentar reeducar a la gente para que cambie esa visión de que la animación es para niños. Hay que pensar que la animación no tiene límites. Es capaz de contar todo tipo de historias. No solo tiene una extraordinaria capacidad de explotar la fantasía, más vinculada a lo infantil, a lo que pide el mercado, también tiene una gran fuerza en el ámbito underground", sentencia.

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