Valoramos más el "algo" que el "alguien", y eso hace que nos esforcemos tanto en "tener" que se nos olvida "convivir"



NACHO MARVÁ Y MAR PUIG (CINCO HOCICOS) | OPINIÓN- Estamos convencidos de que fue el día que se decidió poner vallas al campo cuando la humanidad empezó a caer en picado. Disputas y hasta muertes porque todo es propiedad de alguno, tanto si te sobra como si te falta. Valoramos más el "algo" que el "alguien", y eso hace que nos esforcemos tanto en "tener" que se nos olvida "convivir".

Si bien a un objeto no le repercute que lo poseamos, pero en pleno siglo XXI seguimos poseyendo a los seres vivos, a la naturaleza. Y en ellos sí que repercute el ser poseído.

Esto sólo nos deja una vía de pensamiento: Algo estamos haciendo mal.

Que por mucho que hablemos de lo importante que es la educación para cambiar el mundo, si las bases de esa educación no parten de una idea clara, sana y estructurada, sólo nos servirá para, incoscientemente, perpetuar esa posesión de los animales en lugar de la responsabilidad hacia ellos.

Hasta los más activos en su defensa nos perdemos en ese punto.

Lo vemos todos los días en leyes que permiten como sentencia embargar a un perro. Cuidadoras de colonias felinas que se refieren a los gatos que viven en ellas como "mis gatos". Instituciones que legislan sobre los animales pero siempre anteponiendo las necesidades de los humanos. Escaparates repletos de animales exhibidos en jaulas o vitrinas con su valor económico a un lado.


Las niñas y niños crecen creyendo que tienen un gatito y deberían crecer sintiendo que el gatito no es de nadie más que del propio gatito.

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