Los jardines del Juzgado de Paz y del Museu Fernando Soria de Sant Joan cuentan con fauna propia


FOTO: ZOWY VOETEN

L. BAGUR | SANT JOAN- En los jardines de la Casa Pedro José, donde su ubica el Juzgado de Paz, aparecían algunos días dos o tres conejos; el personal se lo tomaba con humor. Un día, llegó a esta instalación municipal un hombre y se puso a espantar a los conejos, así que uno de los trabajadores salió a preguntarle qué hacía, y resultó que eran suyos.

El hombre, según cuentan en el Juzgado, es un vecino de una casa baja muy próxima. Tiene conejos en un corral, pero se escapan y salen a pasear. "Esto está vallado y no hay perros, por eso vendrán aquí a disfrutar de la vegetación y las sombras", valora el trabajador de la Casa Pedro José.

También hay conejos de vez en cuando en los jardines del Museu Fernando Soria, en la antigua Casa del Reloj. Quizá sean los mismos, el número de ejemplares y el color coincide y los dos recintos están cerca. En esta ocasión, ante el peligro de que los animales se reprodujesen y causasen problemas, los trabajadores contactaron con el Ayuntamiento. Desde Medio Ambiente, a su vez, se pusieron en contacto con la Mancomunidad de l'Alacantí, que es la entidad encargada de gestionar los animales que están fuera de su ámbito habitual.

Ardillas y procesionaria


"Estuvieron aquí de la Mancomunidad, pero no vieron ningún conejo así que quedaron en volver y poner algunas trampas", relata por su parte un trabajador del Museo. En los jardines, además de algún que otro conejo que se pasea de vez en cuando, hay muchas ardillas. Sobre este roedor, el técnico de Medio Ambiente, Darío Moreno, señala que se puso en contacto con la Generalitat, pero asegura que no genera problema porque "todavía no se considera una plaga". Según relata, "es un animal que está buscando nuevos territorios y todavía no está asentado". Por eso es cada vez más frecuente cruzarse con ardillas en distintos puntos de Sant Joan y de otros municipios alicantinos.

FOTO: ZOWY VOETEN

Al respecto de la procesionaria que desde hace unas semanas aparece en los jardines del Museu Fernando Soria y en la acera de la calle Cervantes, Moreno ha recordado que entre octubre y noviembre se aplicaron los tratamientos preventivos pertinentes en los pinos situados en terrenos municipales. Posteriormente, se quitaron todas las bolsas de orugas a las que se pudo acceder. 

Sin embargo, en el Museo hay algunos de estos gusanos. No obstante, dado que el insecticida que se usa para matarlos es de amplio espectro, también afectaría a otras especies, así que el Ayuntamiento no lo va a aplicar. Al fin y al cabo, señala Moreno, la procesionaria no genera problemas de gravedad y de hecho en las montañas no se combate, porque solo suponen perjuicio en entornos en los que conviven con humanos. 

Sí se aplica el insecticida de amplio espectro cuando la procesionaria está cerca de centros escolares -la última vez fue en los aledaños del centro de Educación Infantil del Cristo de la Paz, en Pasaje La Ordana- para proteger a los niños, que juegan con las piedras del suelo y pueden no tener la precaución de apartarse de los gusanos. 

En cualquier caso, Moreno recuerda que la procesionaria tiene ciclos de expansión cada cinco años aproximadamente, por eso el año pasado hubo tantas orugas en la provincia, a pesar de los tratamientos preventivos, y este año sin embargo hay muchas menos. 

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